
LA industria de la moda, las empresas de cosmética, los medios de comunicación o el cine pesentan una imagen de la mujer alejada de la realidad. Proyectan a mujeres siempre impolutas, siempre jóvenes, vestidas a la moda y sin una cana. Como la famosa muñeca Barbie. Pero si Barbie fuera humana tendría unas medidas imposibles de 100-45-80 y no podría caminar porque su espalda no soportaría el peso. Todos estos estereotipos se analizaron ayer en unas jornadas organizadas por el centro europeo de las Mujeres Mariana de Pineda y que congregó a un grupo de expertas y numeroso público.
Anna Freixas, catedrática de Psicología, hizo una revisión sobre 'El cuerpo de las mujeres en el ojo del huracán'. La psicóloga revisó la tiranía a la que se ven sometidas las mujeres por las imposiciones de unos modelos que no están diseñados por ellas mismas. «Hay tallas demasiado pequeñas, se desvaloriza el cuerpo de las mujeres mayores, las arrugas...». Freixas apostó por los modelos de belleza creados por las propias mujeres, modelos en los que se puedan sentir más cómodas y eviten el sufrimiento que en algunos casos les puede llegar a suponer.
«Las mujeres llegan a sentirse culpables si no están perfectas, porque el modelo de éxito que se vende es el de las medidas perfectas», apuntó Freixas. La catedrática considera que se han producido muchos avances, aunque aún queda un largo camino por recorrer tanto a nivel individual como colectivo. «Pero incluso al buscar trabajo, se busca a una mujer joven, con una cierta presencia».
Para romper con todo esto, hay que buscar nuevos ejemplos, de mujeres reales. Ejemplos como los de María Teresa Fernández de la Vega o Pilar Bardem, «que son bellas sin esconder su edad ni su personalidad». Una de las conclusiones más llamativas de la ponencia de Freixas, fue la de que es preciso «pasar de la disciplina del cuerpo a la disciplina de la felicidad».









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