Kate Moss es fanática del rock and roll, como casi todas las modelos, que los prefieren bonitos y rockeros. Pero ella también los prefiere muertos (o casi, a Pete Doherty no parece faltarle mucho). Moss se dirigió al cementerio de Père Lachaise, en París, y convenció al guardián del lugar de que la dejara visitarlo después de la hora del cierre, para evitar la intromisión de los paparazzi. ¿Qué desalmado le iba a decir que no a esos ojos de gata? Su objetivo era "rendirle respeto" a la tumba de Jim Morrison.
Lo cierto es que Kate Moss ingresó al cementerio acompañada por su novio, un cabeza hueca y guitarrista llamado James Hince. Media hora más tarde, el sereno escuchó extraños ruidos y avisó a la policía. Dos oficiales encontraron a Kate Moss semidesnuda, bailando y ríendo junto a su novio, sobre la tumba de Jim Morrison. No la arrestaron pero la obligaron a abandonar el lugar.
Dicen algunos que el espíritu de Jim Morrison sonrió ante la travesura. Y además porque se dio el gusto de ver a la bonita Moss desde abajo y bailando en su honor.
Plus: baile o no desnuda, se drogue o no, sigue siendo un ícono de la moda

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